Video de la presentación de atrapamuros
lunes, 29 de noviembre de 2010
lunes, 22 de noviembre de 2010
viernes, 5 de noviembre de 2010
Documento presentado por Atrapamuros en la audiencia pública del 3 de noviembre contra el código contravencional
Somos un colectivo de educación popular que trabajamos desde hace tres años en diferentes unidades penitenciarias de la ciudad de La Plata. Desde nuestra práctica consideramos que este proyecto legislativo en tanto proyecto político se presenta con el objetivo de atacar un determinado fenómeno social: la inseguridad, partiendo de una definición en la cual se incluye el mantenimiento de una situación de derechos, de la que un amplio sector de la sociedad se encuentra excluido, viéndose de esta manera, vulnerada su condición por ausencia de políticas públicas que posibiliten el igual acceso a los recursos, correspondientes a su condición de ciudadanos.
Entendemos esto como un modo más de vulnerabilizar la situación actual de marginación en la que viven los sectores más pobres de la Argentina. Sectores ausentes en la elaboración de las leyes y en la que sólo se tornan partícipes en tanto sujetos punibles, sobre los que caen dichas normas. Por ende, podemos señalar dos aristas. Una en el plano de los derechos y otra en el plano de los castigos. A un sector social se lo tiene en cuenta en sus derechos y a otro sector sólo se lo considera a la hora de aplicar las penas. Son sujetos que participan en el sistema penal no en su formulación sino sólo en su aplicación, son sujetos punibles en tanto que responden a un estereotipo construido socialmente y avalado legislativamente como expresión de decisiones políticas a la hora de pensar respuestas.
“El delito no es un acontecimiento individual sino social, no está en el hecho sino en la relación social que lo interpreta (…) “no se incriminan transgresiones sino individuos.” Y cuando castiga las ofensas a los derechos esenciales, lo hace con intensidad desigual y de modo parcial; la ley penal no es igual para todos, los estatus de criminal se distribuyen de modo desigual entre los individuos; el grado efectivo de tutela y la distribución del estatus criminal es independiente de la dañosidad social de las acciones y de la gravedad de las infracciones a la ley, en el sentido de que estas no constituyen las variables principales de la reacción criminalizadora y su intensidad.
Las prácticas que este nuevo código contravencional legitima refuerzan una situación de virtualidad en la que cae la ley, debido a que se aplica un derecho moral en una situación social donde los sujetos a quienes se termina por castigar viven en condiciones paupérrimas, volviéndose objetable la posibilidad de extender dicho código ya que no se encuentran satisfechas sus necesidades básicas. Se puede decir entonces, que hay un sector social que es participe de la elaboración jurídica, en tanto sector con derechos, y que acusa al grupo marginado (carente de tales) de atacar los suyos, es decir se parte de la óptica de un sector sesgando la situación del otro, que por otro lado es acusado en base a prejuicios compartidos socialmente, conformando una idea de “sujeto sospechoso”. Esta situación quiebra un principio legal básico que es que una persona no puede ser culpada por un crimen que no cometió. Por otro lado el hecho de haber cometido una contravención es otra fuente de estigmatización y prejuicio, de esta forma la persona que cometió un delito es visto como un contraventor en potencia. Se conforma así un círculo vicioso del cual no se puede salir.
El delito es una construcción social, que implica que se consideren ciertas acciones como infracción, Sin embargo no es a la acción sino a la persona a quien se culpa, ya que depende del sujeto y su condición social para que éste sea considerado un criminal o no. ¿Qué pasa que como sociedad nos preocupa más castigar a un vendedor ambulante o un chico que limpia vidrios que a un funcionario público con la responsabilidad que este cargo implica?
El estado legitima esta construcción, desde la ley, condenando a ciertos sectores sin intervenir para modificar la situación de fondo, penando así al sector considerado como peligroso. Sin buscar una solución de raíz se pretende castigar para “mejorar”, sabiendo que este tipo de soluciones profundizan la marginación social y la desigualdad. Dejando en evidencia que la pretendida “solución” no funciona como tal.
A su vez este tipo de incriminación carga todas las cuentas en el individuo y no en la sociedad en su conjunto, sólo teniendo en cuenta la seguridad y los derechos individuales de los sectores que se encuentran en situación de inclusión, reforzando la exclusión de otros y creando la falsa idea de que la solución de los problemas de unos pocos representa el bienestar común.
Una sociedad que violenta los derechos básicos de sus ciudadanos no puede extender un castigo generalizado sin tener en cuenta las precondiciones en las que se desarrolla la supuesta contravención. No sólo las normas del derecho penal se forman y aplican selectivamente, reflejando las relaciones de desigualdad existentes, sino que ejerce también una función activa, de reproducción y de producción respecto a las relaciones de desigualdad, especialmente en lo que respecta a la aplicación selectiva de las sanciones penales estigmatizantes, y fundamentalmente de la cárcel.
Por esto, aplicar un código que se basa en la coerción penal sobre una sociedad con desigualdad social lo vuelve la herramienta legal para reclutar a personas que responden a un estereotipo: morochos, pobres, en situación de calle y con determinadas vestimentas, poniendo el foco sólo en un determinado conjunto de delitos que deja por fuera aquellos crímenes cometidos por otros sectores sociales. Se coloca al sector marginal en una posición vulnerable frente al poder policial que puede detenerlos para exigirles el documento y averiguación de antecedentes por hechos como caminar con una gorra y una bufanda que tape la boca o elementos similares que “dificulten” la identificación. Construye una etiqueta para ciertas personas, que se transforma en discriminación y posterior judicialización.
Además, se ve vulnerado el principio de culpabilidad, ya que las contravenciones estipuladas en el presente proyecto, en su mayoría, son de corte peligrosistas y de una interpretación tan amplia que tienden a la autodeterminación del empleado policial en la interpretación de hechos particulares, acordes a sus propias consideraciones personales, dejando a su criterio la determinación de cuándo un hecho es pasible de sanción.
Asimismo, el alcance del daño social provocado (o por provocarse) queda a discrecionalidad del Juez, lo cual le permite, dada la falta de escalas penales determinadas, establecer sanciones sólo acordes a su entender, ya que los principios enunciados en el artículo 30 del presente proyecto carecen de la suficiencia de la que debiera revestir un cuerpo normativo. La mencionada falta de escalas penales determinadas no da lugar a análisis en la presente audiencia, impidiendo así la discusión sobre la relevancia social de cada hecho contraventor en particular.
Este código avala una realidad que vemos cotidianamente en nuestro trabajo dentro de las unidades penitenciarias. Una realidad donde la mayoría de las personas privadas de la libertad son de clases bajas, que vivieron en situación de marginalidad y exclusión. La materialización de este código, lejos de paliar la problemática que pretende solucionar, sólo colaborará en su profundización, ampliando el abanico de sujetos a criminalizar a través de la judicialización de prácticas que actualmente no son incluidas dentro del ámbito de lo punible.
lunes, 1 de noviembre de 2010
martes, 26 de octubre de 2010
Autobiografías
Taller de escritura, Unidad 45
Mi nombre es Ismael
Nacido en un hospital en la localidad de Adrogue, en el año 79. Me crié en Don Oriones hasta los 12 años. Desde los 12 años en adelante mi familia construyó una casa en la localidad de Gernica. Casi llegando a mis 15 años mi papá y mi mamá se separaron. Yo tuve que irme con mi mamá, y por intermedio del juzgado sólo podía ver a mi papá los fines de semana. Esta etapa de mi vida fue muy especial para mi porque dejé de concurrir al colegio, empecé a tener amigos con los cuales conocí la calle, drogas, el delito. Así fui creciendo, escapando de mi familia con mucha rebeldía. Así me fui criando, de a poquito me hice solo. Así aprendí lo que es la vida y a cuidarme de todo. Al llegar a los 18 fue cuando conocí la cárcel por primera vez. Fui a la cárcel de Olmos, recuerdo que miré al cielo y prometí no volver más...
Pero no fue así, estuve 4 años y cuatro meses y 5 días, lo conté día a día. Sólo veía a mi mamá cada 15 días. Ahí conocí la ley del más fuerte. Pasaron muchas cosas en esos tiempos, y solo aprendí a sobrevivir con la violencia. Recuerdo que cuando salí fui directamente a los besos de mi mamá porque fue y es hasta el día de hoy el único Amor que sentí en mi vida.
Conocí una chica, quien fue mi mejor compañera en esta vida. Íbamos a ser papás, pero hubo un problema en el embarazo. Decidimos casarnos, pero surgió un grave problema.
Mi único modo de vida fue el delito, y como dice el dicho, "el que mal anda, mal acaba". Había decidido robar una sucursal bancaria para cubrir los gastos del hogar y del casamiento. Salió todo bien, pero una noche antes de mi casamiento me detuvieron junto a mi mujer. La policía esperó el momento justo y preciso. Según los periódicos era un hombre muy peligroso, pero para mi familia era parte de su corazón, como ellos del mío. Después de mi detención fue otra etapa muy importante de mi vida, un casamiento frustrado por mi actitud de vida. Recuerdo hasta este momento el rostro de mi mujer llorando, y el sufrimiento de nuestra separación, porque no podía verla en este lugar. Solo resivo visitas de mis familiares, quienes me esperan, para una nueva vida en paz.
Compañero de la unidad 45.
Yo soy Hernán, tengo 23 años de edad y vivo con miedo, pienso que mi miedo es un fiel compañero. Cargo mi culpa y no me lo puedo perdonar, capaz nunca pueda. Tengo 3 hijos, y si hay algo que me hace feliz es verlos sonreír con esa sonrisa angelical, tan tierna y con esa inocencia. Por mis malos actos yo los eh hecho sufrir, hoy no estoy más su madre, y ellos están separados. Los dejé solos 4 malditos años, y nuevamente los volví a dejar. ¿Qué pueden esperar de mi? Yo trato de cambiar. Me cuesta, y mucho. Yo solo elegí robar.
Trabajé mi primer trabajo cuando tenía 18 años, era ayudante de Alvanil. Duró poco porque 3 meses después fui privado de mi libertad por robar.
Sabes que si pudiera elegir, me gustaría volver a nacer. Pero es imposible. Muchas veces estuve solo en lugares oscuros, en situaciones malas. Y a pesar de todo yo sentía que alguien me cuidaba, como cuando mamá te acaricia la cabeza y te dice "hijo, te amo"...
El cariño de esa mujer es enorme y no se lo puede comparar con nada. Por eso sólo espero mi libertad, para empezar con mi nueva vida, que es junto a mis hijos y mi familia.
En mi camino hubo mujeres, pero hubo una que marcó con fuego mi corazón. Pero el tiempo no se puede volver atrás, vivo mi vida día a día y espero no volver a degradar a los que ponen sus fuerzas en mi.
Gargiulo
Mis recuerdos del vientre de mi madre son nulos, jamas podré recordar. Pero mi niñes, esa sí la recuerdo, por mis cumpleaños, los amigos y amigas que venían, los regalos, bailes que fueron los mejores, y aquella vecinita que esperaba con mucha impaciencia su beso de cumpleaños.
De esta manera fui creciendo, con un padre sustituto o tutor, que fue lo mejor que la vida pudo darme, sin dejar de mencionar a mi madre que me daba todos los gustos.
De esta manera fui creciendo, en un barrio en donde todos nos conocíamos y ayudábamos, las calles fueron rellenadas con el aporte de todos, y el trabajo en común.
Nosotros lo vivíamos con mucha alegría y nos divertíamos mucho ayudando.
Se fueron pasando los años entre pescar, casa, bolita, trompo, y barrilete, y qué barriletes, ¡uno mejor que otro! Del colegio qué lindo recuerdo. Pero el primer día, ese sí que creí iba a morir. Pensé "qué hacía yo en ese lugar, pudiendo estar pescando", pero todo se normalizó, al sonar la campana del recreo, y poder jugar con los nuevos compañeros.
Mi primer trabajo, si que lo recuerdo, fue un taller mecánico, laburando, sevando mate. Aprender, no mucho, no le gustaba enseñar ni medio, pero uno se las ingeniaba para aprender a manejar, que era el mayor anhelo.
Ya en ese tiempo nos movíamos con libertad, pero con los ojos vigilando de mi padre. No había nada que se le escape, por eso debe ser que lo quiero tanto, jamás dijo nada al azar. Bueno, novias tuve muchas, por suerte. Me casé a temprana edad y la hice sufrir más de la cuenta. Después, mucho después me junte con una gran mujer mayor a la que después de su muerte aún la sigo queriendo con toda mi alma.
Y 2 por 2 ya esta, con mi negocio, la vida encaminada, militaba en el PJ.
Y por muchas cosas que fueron ocurriendo en mi crecimiento, y en lo mejor de mi vida, en una noche de festejo unos muchachos quisieron robar mi coche, y yo muy tomado, discutimos, y al volver de mi casa le disparé 4 tiros, quitándole la vida.
Desde ya, perdí mas yo, por perder todo lo que había trabajado en al vida, por se decente y no defraudar a mi padre. Pero se que tengo que pagar por mi error y dios está a mi lado, ahora espero que este infierno termine pronto. Ya podré volver a mar del plata y bailar folclore, ver el mar, y a mis seres queridos... ya no depende de mi.
jueves, 21 de octubre de 2010
LA PRECARIZACIÓN Y LA BUROCRACIA SINDICAL MATAN
Justicia por el asesinato de Mariano Ferreyra
Convocamos en solidaridad con todo el campo popular, en repudio del asesinato
Miércoles 20/10
- En Capital Federal: en este momento en Callao y Corrientes
- En La Plata: 18 hs en 7 y 50
Jueves 21/10, Paro nacional y movilización en todo el país
En la ciudad de Buenos Aires: 17 hs. desde Callao y Corrientes a plaza de Mayo
El asesinato de Mariano Ferreyra, de 23, y las heridas a otros compañeros –entre ellos Elsa Rodríguez, de 65 años, con un disparo de fuego en la cabeza- forman parte de un hecho político gravísimo, que requiere una inmediata respuesta desde el más alto nivel. Se trata del ataque de la burocracia sindical, amparada desde el Estado, a trabajadores y militantes que reclamaban el cumplimiento de los derechos laborales: contra la tercerización y la desocupación, los máximos escalones de la precarización liberal, por la defensa de puestos de trabajo dignos.
Según las primeras informaciones confiables, el ataque fue perpetrado por una patota de la lista Verde de la Unión Ferroviaria, con una zona liberada de las fuerzas policiales. La patota sindical ya en otras ocasiones había realizado acciones similares, sin llegar a este nivel de gravedad, pero demostrando igualmente la impunidad de ser apañado por la empresa, la policía y el poder político. Estos burócratas, que actúan no para defender los intereses de los trabajadores –ningún sindicato a favor de los trabajadores puede permitir o defender la precarización- sino para defender sus negocios con la patronal.
Desde esa lista, con total cinismo, reivindican la represión a los trabajadores y encima acusan a los precarizados tercerizados de haber efectuado los disparos. “Lo que no hacen la policía y los jueces lo vamos a hacer nosotros”, declaró públicamente Pablo Díaz, de la Unión Ferroviaria y peón del burócrata Pedraza, cómplice en el histórico vaciamiento del sistema ferroviario y la pérdida de derechos ocurridas en las últimas décadas.
Ante esta situación, es preciso una urgente respuesta política del gobierno nacional de Cristina Fernández de Kirchner y el gobierno provincial de Daniel Scioli, que hasta el momento encubren el accionar de estas burocracias.
Desde el conjunto del campo popular, no tenemos dudas sobre la solidaridad inmediata de todas las organizaciones, sin mezquindades, porque es un ataque a todo el pueblo.
Desde las asambleas y movimientos barriales, estudiantiles, sindicales, rurales, culturales, ambientales que formamos la COMPA, ya estamos movilizando ante la represión, y exigimos al poder político y judicial:
- Inmediato esclarecimiento del ataque. Juicio y Castigo por el asesinato de Mariano Ferreyra.
- No a la impunidad. No a la precarización laboral.
- Solidaridad incondicional con las familias y las organizaciones agredidas, en especial con el Partido Obrero, donde participaba el compañero. Unidad ante la represión policial y parapolicial.
- Reincorporación de los precarizados despedidos. Basta de tercerización. Ni un solo puesto de trabajo sin derechos laborales.
- Libertad y democracia sindical.
La precarización y la burocracia sindical matan.
No lograrán detenernos. El pueblo lucha por trabajo, salud y educación para todos.
COMPA Coordinadora de Organizaciones y Movimientos Populares de Argentina
Suscribirse a:
Entradas (Atom)
