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jueves, 7 de marzo de 2013

Héroe y compañero


Estos son días tristes para Nuestra América. Quien fuera líder de una revolución nueva desapareció físicamente, víctima de una injusta enfermedad. Hoy, como siempre en momentos de fuerte conmoción, nos toca mirar un poco hacia atrás para seguir con más fuerzas hacia adelante. No caben dudas de que las esperanzas revolucionarias latinoamericanas de este corto siglo estuvieron en gran parte depositadas en ese país, anteriormente irrelevante en el mapa político mundial, que supo, a fuerza de acumular experiencias de lucha, forjar una revolución inesperada y heroica. No podemos pensar el socialismo de nuestro continente hoy sin retomar el ejemplo de Venezuela y el liderazgo de Chávez.

Quizás no deba asombrarnos que allá donde reinaba el neoliberalismo en su forma más cruda, donde el modelo extractivista no significaba absolutamente nada para unas clases populares hambreadas hasta el límite, una chispa encendió las fuerzas revolucionarias de los pueblos. O quizás sí debamos asombrarnos, porque, muy a nuestro pesar, la historia de nuestro continente está repleta de salidas institucionales a situaciones de crisis orgánica donde desde el estado se varía el discurso pero el resto sigue igual. Lo formidable e inesperado de la Revolución Bolivariana, en el contexto latinoamericano, es que se encaminó irreversiblemente hacia el socialismo. Un socialismo nuevo, fervientemente popular, heterodoxo y latinoamericano.

La Revolución Bolivariana y el Socialismo del Siglo XXI son la prueba irrefutable de que los pueblos crean formas novedosas de gobernarse cuando toman las riendas de su destino. Las estructuras estatales, obsoletas y burguesas, son desbordadas por las olas revolucionarias, que, contra todos los enemigos imaginables, construyen el verdadero poder del pueblo. Si hay algo que el bravo pueblo venezolano nos enseñó es que la revolución hoy es posible en nuestro continente.


lunes, 4 de julio de 2011

Los silencios de nuestra América


Pensar en América latina como una Patria Grande, es poder pensarnos a partir de problemáticas comunes que nos atraviesan. Poder entendernos como una unidad, y en esa unidad reconocer las mismas líneas que nos atraviesan y ver aquellas otras que nos diferencian. Poder, por sobretodo, aprender de las experiencias de  aquellos países que intentar solucionarlos. Queremos introducir de manera general el panorama sobre la situación penitenciaria en algunos países de la región. En realidad, para poner de relieve las situaciones de semejanza que hay entre nuestra realidad y las que se dan en otras regiones, como así también conocer las experiencias que avanzan contra la corriente, las que proponen una nueva mirada y manera de llevar a cabo las políticas. Países como Ecuador y Venezuela es donde resulta más interesante poner el acento ya que están en un incipiente y concreto proceso de transformación.
Así como en nuestro país la situación carcelaria actual es estructural al sistema penitenciario en todos sus sentidos, el hacinamiento y las condiciones paupérrimas de vida de las personas que se encuentran privadas de su libertad en los países vecinos es también preocupante e inherente a los sistemas de detención. Estas problemáticas nos son comunes a todos y por ello es que nos resulta importante ponerlo en relieve.