El lunes pasado estuvimos en el programa “Pajaritos en el Aire” de Radio Perio, la radio de la Facultad de Periodismo y Comunicación Social –UNLP.
Contamos cómo comenzó nuestro proyecto y cómo llego a ser lo que hoy es. Conversamos sobre nuestras actividades en los penales y la importancia de la educación y la comunicación en la cárcel, pero con la necesidad de recuperar las experiencias y la voz de quienes se encuentran en ellas. Respondemos preguntas sobre “cultura carcelaria”, los talleres al interior de los penales, el derecho a sindicalización, políticas de seguridad y electoralismo, las policías locales y algunas cosas más.
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miércoles, 22 de abril de 2015
lunes, 8 de diciembre de 2014
Entrevista
Video sobre nuestro trabajo realizado por estudiantes de la Facultad de Periodismo y Comunicación Social - UNLP, agosto 2014.
Taller de Producción Audiovisual I
Cátedra 2 – Comisión 1
Taller de Producción Audiovisual I
Cátedra 2 – Comisión 1
sábado, 22 de noviembre de 2014
Se realizó el I Encuentro de Cárceles y Seguridad
El pasado viernes 14 y sábado 15 de noviembre se llevó adelante en la ciudad de La Plata el Primer Encuentro de Cárceles y Seguridad, evento que tuvo como origen la necesidad de encontrar nuevos espacios para visibilizar e intervenir en una problemática transversal para el momento histórico en el que vivimos como la inseguridad y particularmente una de sus mayores políticas y consecuencias: la cárcel, que abarca tantas cuestiones que debe ser tratada como un eje específico.
El encuentro fue organizado por Atrapamuros (Colectivo de Educación Popular en Cárceles) y Grupo de Estudios Sobre Educación en Cárceles (GESEC) y se concentró en las facultades de Humanidades y Ciencias de la Educación y de Trabajo Social de la Universidad Nacional de La Plata.
Las jornadas comenzaron dando lugar a paneles donde se debatió en torno a “La cárcel como historia en nuestro país. Una caracterización en los últimos 15 años” y “Discursos y debates sobre la seguridad. Conceptualización y conformación de nuevas políticas”, durante los cuales especialistas realizaron una caracterización del estado de situación.
El encuentro fue organizado por Atrapamuros (Colectivo de Educación Popular en Cárceles) y Grupo de Estudios Sobre Educación en Cárceles (GESEC) y se concentró en las facultades de Humanidades y Ciencias de la Educación y de Trabajo Social de la Universidad Nacional de La Plata.
Las jornadas comenzaron dando lugar a paneles donde se debatió en torno a “La cárcel como historia en nuestro país. Una caracterización en los últimos 15 años” y “Discursos y debates sobre la seguridad. Conceptualización y conformación de nuevas políticas”, durante los cuales especialistas realizaron una caracterización del estado de situación.
domingo, 26 de enero de 2014
Un abuso de poder: la educación en cárceles desde el punto de vista del derecho
Para cualquier persona privada de su
libertad, la educación sería una herramienta fundamental. No sólo hace al
crecimiento y a la liberación personal en un lugar de encierro, sino que contribuye
a tomar conciencia más profunda y social de la situación en que se vive, y aporta
elementos para empezar a actuar sobre las circunstancias que la atraviesan. Asimismo,
la “educación”, concebida por el derecho y las leyes actuales, es una de las
principales bases de la teoría de la resocialización, que justifica la pena
como medida de coerción directa del Estado sobre el pueblo. Como tal, es un
derecho fundamental al que cualquiera debería tener acceso, más aun en un lugar
donde la presencia del Estado es absoluta, como una cárcel.
Ahora bien, para cualquier persona privada
de su libertad, en la mayoría de los casos, la educación es un elemento que se
encuentra distorsionado, trastocado por la forma en que se la utiliza a diario.
Se torna un instrumento de hostigamiento y poder para lxs agentes
penitenciarios, y se reduce a una actividad que ayuda a acceder a algún
beneficio a muchas de las personas detenidas.
¿Cómo funciona la educación en nuestras
cárceles?
En
principio, la educación que
se brinda en las cárceles depende de cada Unidad Penitenciaria en sí misma,
pero en general es precaria, tanto por los escasos recursos con que cuentan, como
así también por la falta de permanencia y continuidad (de personas, de planificación,
entre tantas otras cuestiones). Todo ello sumado a que está atravesada por
todos los problemas propios de la cárcel.
domingo, 8 de diciembre de 2013
Algunas contradicciones
Puede parecer contradictorio hablar de Educación Popular en un espacio tan violento y marginado como el de una cárcel: contradicción quizás tratar de implementar un espacio abierto, crítico, libre y constructivo en pocas horas en las cuales nuestros objetivos se ven como ideales inalcanzables. Contradicción tal vez entre lo que predicamos y lo que realmente hacemos. Contradicción quizás al momento de incentivar a los participantes del taller que sigan en la senda de la educación formal (que gritamos ser un derecho, pero que dentro del servicio penitenciario es una vergüenza que infantiliza y degrada aún más al ser humano). Contradictorias quizás son nuestras mismas prácticas de educadorxs popularxs que constantemente reprochamos los aspectos individualistas, reproductores, competitivos, cerrados, y alienadores de la educación institucional y a veces caemos en las mismas trampas de ese modelo educativo.
¿Pero entonces, qué hacemos como colectivo dentro de la cárcel?
Primero que nada, aprendemos a desnudar estas contradicciones; no surgen porque nuestros objetivos sean ilusos, surgen porque intentamos no disociar prácticas de un proyecto político. Nuestras prácticas hoy, no están en contradicción con nuestro proyecto político, sino que están en contradicción con el proyecto político vigente al cual evidentemente no adherimos. Por eso, es que vemos la necesidad de implicarnos y posicionarnos como organización no sólo frente a las políticas de seguridad nacional, sino también frente a políticas del gobierno en general.
Es relevante subrayar que construir un espacio de Educación Popular dentro de una institución cerrada (como puede ser la escuela) que a su vez está dentro de una cárcel excluida, olvidada e invisibilizada en un sistema capitalista que avala estos tipos de marginación, no puede ser disociado de la responsabilidad política que eso implica y que surgirán contradicciones más de una vez (como la dificultad de ser socialista y vivir bajo el techo del consumismo exacerbado).
miércoles, 15 de mayo de 2013
Se nos va un año más
Llega
el 15 de mayo y se nos va un año más, suman cuatro ya, por lo menos
formalmente. Atrapamuros cumple un nuevo año, y no queríamos dejar de hacer una
pequeña reflexión sobre lo que fue este breve tiempo de "vida
colectiva", que, aunque breve, no deja de estar cargado de acciones y
emociones que la han hecho realmente intensa. Pasaron años, pero también pasó
gente, personas que fueron aportando al grupo desde distintos ángulos y
diferentes lugares físicos. Entre todxs, tanto lxs que estamxs fuera
como dentro de las cárceles, seguimos construyendo un modelo de vida, un
modelo que a nuestro entender debe ser más justo e igualitario que el existente.
Por y para ello,
consideramos a la educación popular un elemento fundamental para
lograr ese objetivo, no sólo entendiéndola como una herramienta pedagógica para
nuestros talleres, sino como una práctica política, y aún más, una filosofía de
vida. Entendemos que hay que saber aceptar las diferencias existentes en todos los ámbitos sociales,
visibilizándolas y no negándolas, aprender de ellas pero no jerarquizarlas sino
complementarlas. Estamos convencidxs de que eso es en parte
la educación popular. Es también
por esto que elegimos a la cárcel como lugar de lucha y construcción;
porque la consideramos un ámbito donde se exacerban todas
estas cuestiones, un lugar que existe gracias a que cumple
la función de validar, en vez de repudiar, aquellas diferencias de
clase, que jerarquizan e imponen un pensamiento dominante anulando otras
realidades y simplificando una realidad social más compleja a un enfoque
meramente punitivo. Pero por otro lado, tenemos en claro que de nada sirve
construir dentro de una cárcel o de varias si esto no va de la mano
de un trabajo que permita visibilizar lo realizado y construir también desde
afuera para que el cambio sea profundo y verdadero.
Agradecemos así, y
valoramos la importancia que tiene la gente y distintas agrupaciones con
las que construimos diariamente, trabajen o no en el ámbito carcelario. Quienes
nos leen, nos buscan, se interesan en lo que hacemos y colaboran con
las revistas anuales que realizamos, pero sobre todo, aprenden y se forman en
conjunto con nosotrxs, con el fin de lograr ese objetivo que líneas
arriba explicábamos y que estamos convencidos que se puede lograr.
martes, 7 de mayo de 2013
Decirlo para no volver
Por Maru Ambort. Segunda entrega del diálogo con Karina Germano, "La Galle". El drama y la impunidad del Servicio Penitenciario, el rol liberador de la educación y de la organización colectiva en el penal y la reciente vuelta a la calle tras el largo encierro.
-Veníamos hablando de la impunidad del Servicio Penitenciario (SP), de esta intención de poner a la U3 como “cárcel modelo”, y lo que sucede en realidad, de cómo siguen muriendo pibas por la falta de atención médica, por ejemplo. ¿Por qué crees que funciona así?
-Porque cada sección de policiales, judiciales, asistentes sociales, médicos, docentes y demás, son todos del SP y todos funcionan con espíritu de cuerpo, se van cubriendo las cagadas de una sección con la otra, es como una corporación. Esto lo que hace es que no funcione nada. Hay cosas terribles, como cuando te sancionan. Vas a los tubos de castigo, te dan unas palizas de muerte, te dopan y te llevan a la unidad psiquiátrica diciendo que te autolesionaste. Ahora, si el psiquiatra que te atiende en la unidad psiquiátrica es otro del SP, por supuesto que va a avalar lo que le dicen. Nos enteramos de esta metodología porque a una piba la rebotaron porque tenía una bota en la espalda y el médico dijo: “esto yo no lo puedo pasar como autolesión”. Por otro lado es una forma de sacar a las golpeadas desde dentro para que cuando llegan a corroborar las denuncias ya no están. Las vienen a buscar y dicen “ah no, está en el psiquiátrico” y cuando van, están tan dopadas que no pueden ni hablar.
Mientras exista una división que se llama Seguridad Interna (que es la que tiene zona liberada y manda más que cualquiera), no importan los valores que tenga un/a docente, un/a médico. No. Ante todo, la seguridad. Y si no empezamos a pensar que la lógica de seguridad debería estar afuera, en el perímetro, para que nadie se vaya de ahí, que eso es lo único a que te condena el/la juez/a, todos esos castigos gratuitos que hoy sufrimos se van a seguir dando. Porque el ‘83 a las cárceles no llegó, no podemos hablar de democracia dentro de un servicio militarizado. La lógica es esa: La lógica es “contra la pared”, “no corra”. La requisa es vejatoria: “abra” “abrase más, quiero ver más”. Todo esto mientras no dejen de ser milicos no se va a modificar.
-Si la escuela primaria y secundaria está dentro de esta lógica de dependencia de los docentes al SP, ¿Cómo se generan los espacios independientes que se ganan?
jueves, 2 de mayo de 2013
Contarla desde adentro
Por Maru Ambort. Al principio era sólo un nombre, una consigna. “La Galle a la kalle”, repetido incansablemente en todo tipo de pintadas y fanzines, volantes y megáfonos. La historia de Karina Germano, militante social que, por las vueltas de la vida y las injusticias del sistema, se comió una banda de años adentro.
Una voz al otro lado del teléfono, con cierto acento gallego, muy amable. Entonces pactamos el día, el lugar. Después de un viajecito en tren a Constitución, se sumó su figura, el saludo y el beso, la charla. Caminamos a un barcito. Entonces la figura se fue agrandando. Cada vez era más grande. Las anécdotas, las injusticias por las que pasó, su historia, su militancia, sus ideas y sus reflexiones. Así la fuimos conociendo y hoy queremos compartir, una historia de militancia y organización al interior de las cárceles, una entrevista con Karina “La Galle” Germano.
La Galle pasó sus días de encierro entre la cárcel de máxima seguridad de Carandirú, Brasil, y el penal N°3 de Ezeiza, donde impulsó una de las experiencias más interesantes de organización interna, alrededor del Centro Universitario. Aquí nos cuenta su experiencia como mujer, como militante, como presa.
-¿Qué particularidades ves en las cárceles de mujeres, respecto de las de varones?
-Hay una diferenciación de género muy fuerte. Dicen que desde hace una década aumentó la delincuencia femenina un 300%. Pero ese 300% no es casual. Digamos, la conformación familiar de la sociedad cambió. Desde hace un tiempo para acá las mujeres son las jefas de familia, sobre todo de las partes más excluidas de la sociedad. Tenemos madres con muchos hijos, de diferentes padres que no se hacen cargo de la familia. Al pertenecer a sectores más desfavorecidos de la sociedad, tienen que cometer delitos económicos casi todas, para poder solventar al grupo familiar. Por eso hay un aumento del 300% de la delincuencia femenina. Esto deja bien claro que no estamos hablando de una población delincuente, sino una población de mujeres que yo admiro mucho porque para ir contra todas las leyes, contra toda convención social para alimentar a tus hijxs, tenés que tener valor. Entonces a mí me parece que no las podés llamar delincuentes, sino corajudas, porque son lxs niñxs lxs que tenés que mantener. Cuando encarcelan a una mujer están arruinando a un grupo familiar, porque es la jefa de familia a nivel económico. El sustento moral de todxs lxs niñxs es la madre. Desintegran al grupo familiar cuando encarcelan a las mujeres. Esta es una diferencia de género muy importante a diferencia de los penales de hombres. En la cárcel eso se continúa, si no hay trabajo para sacarles comida, si no está la posibilidad de que cuando vienen lxs niñxs puedas sacarles un tapper de comida o una moneda cada mes, ya la mujer está en deuda.
jueves, 4 de abril de 2013
El convenio de Periodismo en la Unidad 9 y relación entre Universidad y Cárcel en La Plata
En estos días los estudiantes de
la Facultad de Periodismo y Comunicación Social (FPyCS) de la UNLP se
encuentran en medio de una lucha por hacer cumplir su derecho a estudiar. Pero
es necesario preguntarnos frente a quién es esa lucha. O mejor dicho, frente a
qué, ya que las trabas se encuentran en el tira y afloje entre la FPyCS y el
Ministerio de Justicia y Seguridad de la Provincia de Buenos Aires.
Hasta el día de la fecha lxs
estudiantes presxs pertenecientes a la FPyCS de la UNLP no saben si podrán
cursar las materias de su carrera este año debido a que todavía no se ha renovado
el convenio existente entre la respectiva facultad y el Ministerio de Seguridad
y Justicia de la Provincia de Buenos Aires. El problema no refiere a un
conflicto casual ni circunstancial, sino que es parte de la dinámica que año a
año asume la puesta en marcha de dicho convenio. Así, mientras “se resuelve” la
disputa por el financiamiento, cruzada por ver quién da más y quién da menos y
sin que ninguno de los contrincantes asuma la responsabilidad que como
instituciones estatales les cabe, el derecho a estudiar de 60 compañerxs
privadxs de su libertad está en suspenso.
viernes, 15 de febrero de 2013
Respuesta a Tiempo Argentino:"estudiar en la cárcel es un problema serio"
Semanas atrás nos escribieron del diario Tiempo Argentino para pedirnos que le contemos nuestra experiencia como colectivo de educación popular en las cárceles. Con la idea de aprovechar la oportunidad para mostrar nuestro trabajo y la realidad que vemos, accedimos. Pero cuando la nota salió publicada, no sólo nos encontramos con que estaba “medio lavada”, sino que la información que brinda no se corresponde en absoluto con lo que vivimos día a día en los penales. Quizá nos estemos apurando, y en realidad lo que compartimos con el diario va a ser usado para una nota posterior. O quizá se encontraron con demasiados datos que no se correspondían con su opinión, y optaron por desconocer este punto de vista. Puede ser también que nuestra visión haya sido demasiado crítica, al punto de no ver las mejoras que impulsa el Estado. En cualquier caso, como no es la primera vez que algo así nos pasa, como creemos que la realidad de la cárcel no puede cambiar si no se muestra a la sociedad lo que pasa allá adentro para que ésta asuma su responsabilidad, y como creemos que día a día los hechos dicen que no se tiene en cuenta que lxs presxs son personas con igualdad de derechos, nos tomamos la libertad de escribir una réplica.
Comenzaremos por poner en tensión ciertas afirmaciones. Para ello retomamos a nuestra cuarta revista que se organiza alrededor del tema en discusión, “la educación en las cárceles”[1]. La nota comienza diciendo que 40 mil presos estudian, dejando de lado la crítica que se puede hacer al número espeluznante de detenidos y detenidas que tenemos en el país (alrededor de 60.000), es altamente cuestionable este dato. Lxs compañerxs del GESEC nos dicen que “Según datos del propio Servicio Penitenciario Bonaerense, en la Provincia de Buenos Aires, sólo el 30% de las personas privadas de su libertad ambulatoria dentro de establecimientos penales[2] acceden a la educación formal de nivel primario o secundario. La matrícula registrada durante el segundo cuatrimestre de 2012, señala que la inscripción en la escuela primaria es de 5555 y la secundaria, de 5367. Si bien estas cifras son celebras por la institución penitenciaria, desde la perspectiva del GESEC[3], que entiende a la educación como un derecho humano inherente a toda persona, estos datos evidencian la vulneración de un derecho para el 70% restante que no accede a propuestas de educación formal en esos niveles, y que debiera estar garantizado por el estado.” Si bien estos datos son para el Servicio Penitenciario Bonaerense, no hay que estar especializadx en el tema para saber la precariedad de las instituciones de encierro federales.
Comenzaremos por poner en tensión ciertas afirmaciones. Para ello retomamos a nuestra cuarta revista que se organiza alrededor del tema en discusión, “la educación en las cárceles”[1]. La nota comienza diciendo que 40 mil presos estudian, dejando de lado la crítica que se puede hacer al número espeluznante de detenidos y detenidas que tenemos en el país (alrededor de 60.000), es altamente cuestionable este dato. Lxs compañerxs del GESEC nos dicen que “Según datos del propio Servicio Penitenciario Bonaerense, en la Provincia de Buenos Aires, sólo el 30% de las personas privadas de su libertad ambulatoria dentro de establecimientos penales[2] acceden a la educación formal de nivel primario o secundario. La matrícula registrada durante el segundo cuatrimestre de 2012, señala que la inscripción en la escuela primaria es de 5555 y la secundaria, de 5367. Si bien estas cifras son celebras por la institución penitenciaria, desde la perspectiva del GESEC[3], que entiende a la educación como un derecho humano inherente a toda persona, estos datos evidencian la vulneración de un derecho para el 70% restante que no accede a propuestas de educación formal en esos niveles, y que debiera estar garantizado por el estado.” Si bien estos datos son para el Servicio Penitenciario Bonaerense, no hay que estar especializadx en el tema para saber la precariedad de las instituciones de encierro federales.
Otro de los datos para “alegrarse” es la cantidad de estudiantes privados y privadas de su libertad que acceden a ofertas educativas. En primer lugar no es lo mismo acceder a una oferta que acceder a la educación, pero además habría que detenerse en considerar lo que es realmente para una persona estudiar en las cárceles. La educación es uno de los tantos derechos violados en el encierro. Es ejercida por parte del SP como un privilegio al que sólo una pequeña parte del total de la población accede, según un sistema de premios y castigos. Las implicancias de esto son claras: no hacés un favor al personal, no vas a la escuela; reclamás por la visita, si tenés visita, no tenés pase para el colegio; no tenés conducta (puntaje armado arbitrariamente por el personal del servicio), no podés ir; exigís comida, un médico, hablar con tu abogadx o denuncias una golpiza, permiso denegado. Son éstas algunas de las variables que van haciendo de filtro en la puerta de la escuela, permitiendo que sólo quienes reúnen ciertas características puedan pasar.
Daniel de la unidad 1 nos cuenta que: “Cierran las puertas a la educación y tienen menos educación que aquellos privadxs de su libertad. Prefieren tomar mate antes que hacer funcionar el sistema educativo (como tiene que funcionar), no te quieren sacar al colegio a estudiar, o te sacan tarde, y ya perdiste una hora de clase. Yo como estudiante universitario he comprobado los obstáculos que pone el Servicio Penitenciario cuando queremos rendir alguna materia en la Universidad, ya que por más que tengamos la autorización del juzgado, ellos ponen la excusa de que no disponen de vehículos para llevarnos. Lo cual está planeado adrede para desmoralizarnos, para que así abandonemos los estudios y con ellos la posibilidad de ser mejores personas y útiles para la sociedad”.
Nos interesa también dejar en claro que la Universidad lejos está de interesarse por sus alumnxs privadxs de la libertad. No existen marcos formales realmente confiables y estables que unan a la Universidad con la educación en los penales. Aquí es importante recalcar que nos centramos en la Universidad de La Plata, no es que del resto del país no nos hayan contado experiencias similares sino que nos dedicamos a hablar del terreno que pisamos. Lo que existe son convenios precarios en ciertas facultades, de ninguna manera la Universidad de La Plata desarrolla un plan integral para los presos y las presas. La mayoría de las veces lxs internxs tienen contacto con la vida universitaria por medio de los proyectos de extensión y voluntariado universitario con presupuestos muy precarios, si es que lo tienen.
Creemos que las cosas han ido cambiando, lxs presxs nos cuentan que las cárceles han mejorado desde los años noventa. También creemos que es posible la construcción de una educación liberadora en un espacio como la cárcel. Pero lo es no por dedicación estatal y benevolencia kirshnerista. Todo esto es resultado de procesos de lucha y resistencia de quienes día a día ponen en juego su cuerpo y su vida en el encierro. Es resultado también del esfuerzo de las organizaciones y de personas que de manera independiente deben arreglárselas para poder pasar a un espacio clausurado a quienes quieran entrar para transformarlos. La movida educativa que lleva a cabo el Estado en contextos de encierro no va en serio, es un problema serio. Un problema para el que no habrá solución sin voluntad política, sin desafiar a aquéllxs que se benefician a costa del sufrimiento de quienes hoy están privadxs de su libertad, y sobre todo, sin la lucha y el compromiso asumido por todxs.
Por último recomendamos la lectura de la revista número 4 Atrapamuros, en especial las siguientes notas tratan específicamente lo que tratamos de discutir con este diario:
"Cárceles: Una fuente de dinero para muchos…" por Manuel, compañero de la U1
"La educación es un derecho" por el grupo Gesec
"Un abuso de poder: la educación es cáceles desde el punto de vista del derecho" por Carolina L y Felipe B.
“Adentro no hay logros ni victorias, son todas actitudes de resistencia”, entrevista con Karina “La Galle” Germano.
"Algunas contradicciones" por Polín L.
[1] La revista puede leerse en nuestra página web: http://www.atrapamuros.org/
[2] Las alcaidías son parte del SPB pero no brindan educación.
[3] El Grupo de Estudios sobre Educación en Cárceles milita por la real garantía del derecho a la educación para todas las personas privadas de su libertad ambulatoria. www.gesec.com.ar
Daniel de la unidad 1 nos cuenta que: “Cierran las puertas a la educación y tienen menos educación que aquellos privadxs de su libertad. Prefieren tomar mate antes que hacer funcionar el sistema educativo (como tiene que funcionar), no te quieren sacar al colegio a estudiar, o te sacan tarde, y ya perdiste una hora de clase. Yo como estudiante universitario he comprobado los obstáculos que pone el Servicio Penitenciario cuando queremos rendir alguna materia en la Universidad, ya que por más que tengamos la autorización del juzgado, ellos ponen la excusa de que no disponen de vehículos para llevarnos. Lo cual está planeado adrede para desmoralizarnos, para que así abandonemos los estudios y con ellos la posibilidad de ser mejores personas y útiles para la sociedad”.
Nos interesa también dejar en claro que la Universidad lejos está de interesarse por sus alumnxs privadxs de la libertad. No existen marcos formales realmente confiables y estables que unan a la Universidad con la educación en los penales. Aquí es importante recalcar que nos centramos en la Universidad de La Plata, no es que del resto del país no nos hayan contado experiencias similares sino que nos dedicamos a hablar del terreno que pisamos. Lo que existe son convenios precarios en ciertas facultades, de ninguna manera la Universidad de La Plata desarrolla un plan integral para los presos y las presas. La mayoría de las veces lxs internxs tienen contacto con la vida universitaria por medio de los proyectos de extensión y voluntariado universitario con presupuestos muy precarios, si es que lo tienen.
Creemos que las cosas han ido cambiando, lxs presxs nos cuentan que las cárceles han mejorado desde los años noventa. También creemos que es posible la construcción de una educación liberadora en un espacio como la cárcel. Pero lo es no por dedicación estatal y benevolencia kirshnerista. Todo esto es resultado de procesos de lucha y resistencia de quienes día a día ponen en juego su cuerpo y su vida en el encierro. Es resultado también del esfuerzo de las organizaciones y de personas que de manera independiente deben arreglárselas para poder pasar a un espacio clausurado a quienes quieran entrar para transformarlos. La movida educativa que lleva a cabo el Estado en contextos de encierro no va en serio, es un problema serio. Un problema para el que no habrá solución sin voluntad política, sin desafiar a aquéllxs que se benefician a costa del sufrimiento de quienes hoy están privadxs de su libertad, y sobre todo, sin la lucha y el compromiso asumido por todxs.
Por último recomendamos la lectura de la revista número 4 Atrapamuros, en especial las siguientes notas tratan específicamente lo que tratamos de discutir con este diario:
"Cárceles: Una fuente de dinero para muchos…" por Manuel, compañero de la U1
"La educación es un derecho" por el grupo Gesec
"Un abuso de poder: la educación es cáceles desde el punto de vista del derecho" por Carolina L y Felipe B.
“Adentro no hay logros ni victorias, son todas actitudes de resistencia”, entrevista con Karina “La Galle” Germano.
"Algunas contradicciones" por Polín L.
[1] La revista puede leerse en nuestra página web: http://www.atrapamuros.org/
[2] Las alcaidías son parte del SPB pero no brindan educación.
[3] El Grupo de Estudios sobre Educación en Cárceles milita por la real garantía del derecho a la educación para todas las personas privadas de su libertad ambulatoria. www.gesec.com.ar
lunes, 29 de octubre de 2012
Carta de un compañero de la U12 al Decano de la FaHCE-UNLP
Difundimos aquí la carta enviada por un compañero detenido en la Unidad 12 de Joaquín Gorina al Decano de la Facultad de Humanidades de la Universidad Nacional de La Plata.
Esta es una de tantas formas de resistencia y lucha que intentamos ejercer desde los penales contra la impasibilidad e injusticia de la Justicia Penal y el abandono del Estado que viven a diario los presos y las presas de Buenos Aires.
Recomendamos leer la carta, que además de ayudar a la difusión de un reclamo legítimo, emociona con su sinceridad y su verdad.
Unidad
Penitenciaria N° 12, La Plata ,
04 de Octubre de 2012.-
Al
Señor
Decano de la Facultad de
Humanidades de la U.N .L.P
Aníbal Viguera
S…/…D
De mi
mayor consideración:
martes, 19 de abril de 2011
“…leerle un libro a mi hijo…”
Cuando escuchamos hablar de una prisión pensamos en un edificio viejo, oscuro, con la pintura gastada y rejas, muchas rejas. Nos imaginamos lo inhumano que puede ser para alguien tener un lugar semejante como dulce hogar. Algunos tranquilizamos nuestra conciencia y nos convencemos de que quien vive allí se lo tiene merecido, algo debe haber hecho. Otros quizás nos lamentamos por un rato hasta que algún reality show vuelva a distraernos y a abstraernos de toda realidad cual si fuera un sedante. Puede ocurrir que algunos tomemos coraje y decidamos conocer una cárcel; nos horrorizaremos y agradeceremos ser libre de caminar por la calle, ir al cine a ver alguna película extranjera, leer el diario todos los días, escribir un mail sin tener que verlo pasar por el control de un carcelero. Pero nos daremos cuenta de que estamos equivocados. O al menos tendremos una visión limitada de la libertad. No se nos ocurre que pueda haber una verdadera prisión mental; cuando escuchamos a alguien hablar de algo por el estilo suponemos que se trata de algún loco estudiante de filosofía o psicología. Pero cuando vemos a un preso leyéndole a otro la carta de una novia, cuando uno de ellos nos pide que le contemos qué dice el documento que el juez de su causa acaba de enviarle, cuando uno depende otro para marcar el numero telefónico de un familiar, nos damos cuenta de lo que realmente significa no saber leer ni escribir.
De todos modos propongo un pequeño ejercicio ilustrativo. Imaginemos por un segundo que estamos en un barrio céntrico de una gran ciudad, en una calle comercial superpoblada de gente y carteles. Cada tres pasos recibimos algún volante y cruzamos una librería. Imaginemos pantallas que describen los últimos acontecimientos, números de direcciones, precios por todos lados... Y ahora imaginemos que ese lugar es la capital china. Podemos estar fuera de una cárcel, incluso tener alpargatas pero, a pesar de lo que se diga, sin libros caminar será mucho más difícil.
Creemos que el analfabetismo es una forma de prisión y que como problema nos incumbe a todxs como integrantes de esta sociedad. Este año empezamos un tipo de taller, que es nuevo en ATRAPAMUROS, de alfabetización. Pero hay algo más que es nuevo para nosotrxs: la propuesta del taller de alfabetización nos llegó por parte de compañeros que cursan sus carreras universitarias desde el otro lado del muro.
Es realmente un orgullo y una inspiración para nosotrxs conocer, trabajar, coordinar actividades con un grupo de personas que, aún en las peores condiciones, apuesta a enseñar aprendiendo y aprender enseñando.
M. Santos.
miércoles, 29 de septiembre de 2010
¿ Porqué apostamos a la Educación Popular ?
Entrevista a Pañuelos en rebeldía: Adriana y Martina son miembras del equipo de Educación Popular Pañuelos en Rebeldía. Nos encontramos para charlar con ellas en la Casa de los Hermanos Zaragoza, antes del inicio del taller que el colectivo viene realizando en la ciudad de La Plata.
Pañuelos en Rebeldía desarrolla sus actividades en articulación con movimientos sociales de Argentina y Latinoamérica. En sus palabras, los pañuelos refieren a “los pañuelos blancos de las Madres de Plaza de Mayo; los pañuelos piqueteros que resisten al modelo neoliberal que pretendió convertirlos en los desaparecidos de hoy; los pañuelos zapatistas, y la wipala, los pañuelos lilas, que representan la lucha feminista antipatriarcal; y muchos otros pañuelos que, junto con otros símbolos, forjan nuevas rebeldías y gestan nuevas esperanzas emancipatorias
"Salir a las calles"
¿Cómo conciben la Educación Popular (EP)?
La EP es una pedagogía del compromiso. No es neutra (ninguna educación lo es). Supone un posicionamiento en pos de la transformación social, en contra de las relaciones de explotación capitalista y de la opresión existente. La educación popular es una herramienta, un aporte que busca cuestionar desde lo colectivo, apuntando al cambio más allá de lo individual.
Nosotrxs vemos a la educación popular como un elemento necesario, pero no el único. Es un aporte, no una imposición. Es un diálogo entre los distintos contextos en que vamos trabajando, la idea es visualizar problemáticas y participar de cuestiones concretas vinculadas a esas problemáticas
¿Cómo definirían los objetivos?
En cuanto a los objetivos, la EP es un aporte en pos de la humanización, de la transformación. Fomentando la participación, la liberación del hombre para el hombre nuevo y la mujer nueva. Transformando las subjetividades y reconociendo las limitaciones.
Entendemos la EP como una instancia dialógica en que todos tenemos saberes y debemos
compartirlos, en contraposición de la educación bancaria. Es necesario recuperar sabidurías
bastardeadas desde el saber hegemónico, reivindicarlas, reconocer los saberes del campo popular
¿Qué podrían decir en cuanto al nivel de contenido, es decir teórico, de la EP?
Aunque si bien existe una metodología, muchas veces la metodología y el trabajo van muy de la mano. Uno se va dando cuenta de cómo se incorporan a través del cuerpo y del juego muchas cuestiones teóricas que pensabas que se incorporaban sólo leyendo un libro o escuchando una clase y en realidad vivencialmente es mucho más rico lo que a uno le queda. Y además armándolo y construyéndolo con los otros, no que venga alguien que te lo diga o leyendo un texto y aprendiéndotelo.
¿Piensan que hay alguna forma particular de aplicar la EP en contextos de encierro ?
La forma te la da el contexto, la realidad del grupo con el que estas trabajando. Hay que partir, como habíamos dicho antes, de la especificidad de cada grupo. Se puede aplicar en contextos muy distintos pero hay que tenerlo en cuenta, no es siempre igual, va a variar de acuerdo a cada uno. Hay unos compañeros que están teniendo una experiencia en cárceles y no lo podes comparar con un proceso como el que nosotros hacemos acá. Lo que nos cuentan los compañeros, que estuvieron trabajando en la cárcel de mujeres de Ezeiza, es que es muy complejo. Porque hay una persecución constante por parte del Servicio Penitenciario hacia ellas. Las mandan a otras tareas en el mismo horario, boicotean el taller sistemáticamente. Las compañeras estaban con un montón de cuestiones y de necesidades de contar sus conflictos, de por qué estaban ahí. Por ejemplo, era más significativo para ellas estar contando eso que estar hablando de Freire en ciertos momentos. Entonces el taller adquiría características especificas ahí adentro y era más difícil abordarlo que en otros lados. Además porque el grupo se diluía constantemente y para nosotros el grupo es la base del proceso. Fue muy complejo pero de hecho se logró y ahora se va a retomar el taller articulado con gente que trabaja con medios de comunicación.
¿En qué medida piensan que la EP puede representar un aporte para el cambio social?
Desde la perspectiva del equipo, la EP apunta a la participación y a fomentarla. Pero, concretamente, a la liberación del hombre para el hombre nuevo (el hombre y la mujer por supuesto).
La idea es apuntar a una transformación a nivel social pero también ir transformándose subjetivamente, con otros. Y reconociendo que uno tiene miles de limitaciones y que es un proceso que duele pero hay que hacerlo con alegría.
Uno se encuentra con contradicciones propias todos los días. Lo importante es reconocerlas y poder transformarlas: eso lo haces colectivamente, no hay vuelta.
¿De qué tendría que estar acompañada la EP para que sea efectivamente transformadora?
Nosotros más bien la pensamos al revés, es decir que la EP va a acompañar procesos que se den en otras instancias sociales. No va a ser la vanguardia del proceso.
Se acompaña también de prácticas concretas, de participaciones en espacios de resistencia, en marchas, en escraches, en articulaciones concretas con otras organizaciones para planificar alguna cuestión efectiva. Salir a las calles aportando siempre desde nuestra especificidad que es la educación popular.
No lo pensamos como un saber técnico que tiene que quedar en un curso sino como algo que se tiene que ir replicando en otros aspectos de la vida de cada uno, tanto en la vida cotidiana como en lo social.
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