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jueves, 4 de abril de 2013

El convenio de Periodismo en la Unidad 9 y relación entre Universidad y Cárcel en La Plata


En estos días los estudiantes de la Facultad de Periodismo y Comunicación Social (FPyCS) de la UNLP se encuentran en medio de una lucha por hacer cumplir su derecho a estudiar. Pero es necesario preguntarnos frente a quién es esa lucha. O mejor dicho, frente a qué, ya que las trabas se encuentran en el tira y afloje entre la FPyCS y el Ministerio de Justicia y Seguridad de la Provincia de Buenos Aires. 

Hasta el día de la fecha lxs estudiantes presxs pertenecientes a la FPyCS de la UNLP no saben si podrán cursar las materias de su carrera este año debido a que todavía no se ha renovado el convenio existente entre la respectiva facultad y el Ministerio de Seguridad y Justicia de la Provincia de Buenos Aires. El problema no refiere a un conflicto casual ni circunstancial, sino que es parte de la dinámica que año a año asume la puesta en marcha de dicho convenio. Así, mientras “se resuelve” la disputa por el financiamiento, cruzada por ver quién da más y quién da menos y sin que ninguno de los contrincantes asuma la responsabilidad que como instituciones estatales les cabe, el derecho a estudiar de 60 compañerxs privadxs de su libertad está en suspenso. 

miércoles, 27 de marzo de 2013

“Cómo extrañaba tener una mesita de luz”


Crónica del 24 de marzo en la Unidad N°12 de Gorina

El viernes 22/03 se realizó un acto en la Unidad N° 12 de Gorina, en conmemoración del aniversario del Centro de Estudiantes de la Unidad, alusivamente llamado “24 de Marzo”, y dando comienzo al ciclo lectivo 2013. Atrapamuros estuvo allí, y entre reencuentros, risas y unas ricas medialunas pudo compartir esta jornada con los compañeros de la Unidad.

Alrededor de las 5 de la tarde comenzó a llegar la gente; entre estudiantes, docentes y funcionarios de algunas facultades de la UNLP, seríamos unxs veinte. Los que nos esperaban adentro, otros veinte. La Unidad 12 es una cárcel particular. Por tener un régimen abierto allí no se  verán rejas, a lo sumo alambrados, hay espacios verdes por todos lados y a lo lejos se ven “las casitas”, donde viven, organizándose por su cuenta, muchos de los internos de la Unidad. Quienes llegan hasta aquí pueden decir que están con un pie en la calle. Sin embargo, no. Sean rejas, muros o alambrados, sigue siendo la frontera entre el adentro y el afuera, sigue habiendo un uniformado vigilando y dando paso en la puerta. Y hasta allí llegamos ese viernes para ingresar una vez más, a ver a nuestros compañeros privados de su libertad.

Reencontramos viejas caras conocidas, luego del largo receso de verano, y también muchas caras nuevas. Los estudiantes universitarios son los organizadores del evento, y todos prolijamente cambiados para la ocasión, nos reciben cordiales, atentos, y se preocupan por que nos sintamos bien y no se nos acabe el jugo que hay para tomar. Es un galpón inmenso, donde está la panadería, la escuela, el centro de estudiantes. Una herrumbrada escultura de algunos metros de altura nos recibe a la entrada.

Mientras esperábamos que comenzara, aprovechamos para ponernos al día, saber cómo había estado todo en el calmo verano penitenciario y contar cómo arrancan las actividades este año. También para conocer y charlar con los que veíamos por primera vez. “Hace tres meses llegué a esta unidad, y lo que más me sorprendió fue volver a ver una mesita de luz, y no una cama y una mesa hechas de cemento” resaltó uno de los chicos presos, mientras esperábamos que se terminara de organizar todo dentro del galpón donde se realizaría el acto. Un pequeño e insignificante gusto, que a nosotros nos parecería irrelevante en la cotidianeidad de nuestras vidas. Pero que a él no le pasó desapercibido después de años de estar preso en Unidades que lejos estaban de tener las condiciones casi humanas que se pueden ver en una Unidad de transición a la libertad como la 12 (que sin duda es un lujo y una excepción a la regla dentro del conjunto).

viernes, 15 de febrero de 2013

Respuesta a Tiempo Argentino:"estudiar en la cárcel es un problema serio"

Semanas atrás nos escribieron del diario Tiempo Argentino para pedirnos que le contemos nuestra experiencia como colectivo de educación popular en las cárceles. Con la idea de aprovechar la oportunidad para mostrar nuestro trabajo y la realidad que vemos, accedimos. Pero cuando la nota salió publicada, no sólo nos encontramos con que estaba “medio lavada”, sino que la información que brinda no se corresponde en absoluto con lo que vivimos día a día en los penales. Quizá nos estemos apurando, y en realidad lo que compartimos con el diario va a ser usado para una nota posterior. O quizá se encontraron con demasiados datos que no se correspondían con su opinión, y optaron por desconocer este punto de vista. Puede ser también que nuestra visión haya sido demasiado crítica, al punto de no ver las mejoras que impulsa el Estado. En cualquier caso, como no es la primera vez que algo así nos pasa, como creemos que la realidad de la cárcel no puede cambiar si no se muestra a la sociedad lo que pasa allá adentro para que ésta asuma su responsabilidad, y como creemos que día a día los hechos dicen que no se tiene en cuenta que lxs presxs son personas con igualdad de derechos, nos tomamos la libertad de escribir una réplica.

Comenzaremos por poner en tensión ciertas afirmaciones. Para ello retomamos a nuestra cuarta revista que se organiza alrededor del tema en discusión, “la educación en las cárceles”[1]. La nota comienza diciendo que 40 mil presos estudian, dejando de lado la crítica que se puede hacer al número espeluznante de detenidos y detenidas que tenemos en el país (alrededor de 60.000), es altamente cuestionable este dato. Lxs compañerxs del GESEC nos dicen que “Según datos del propio Servicio Penitenciario Bonaerense, en la Provincia de Buenos Aires, sólo el 30% de las personas privadas de su libertad ambulatoria dentro de establecimientos penales[2] acceden a la educación formal de nivel primario o secundario. La matrícula registrada durante el segundo cuatrimestre de 2012, señala que la inscripción en la escuela primaria es de 5555 y la secundaria, de 5367. Si bien estas cifras son celebras por la institución penitenciaria, desde la perspectiva del GESEC[3], que entiende a la educación como un derecho humano inherente a toda persona, estos datos evidencian la vulneración de un derecho para el 70% restante que no accede a propuestas de educación formal en esos niveles, y que debiera estar garantizado por el estado.” Si bien estos datos son para el Servicio Penitenciario Bonaerense, no hay que estar especializadx en el tema para saber la precariedad de las instituciones de encierro federales.

Otro de los datos para “alegrarse” es la cantidad de estudiantes privados y privadas de su libertad que acceden a ofertas educativas. En primer lugar no es lo mismo acceder a una oferta que acceder a la educación, pero además habría que detenerse en considerar lo que es realmente para una persona estudiar en las cárceles. La educación es uno de los tantos derechos violados en el encierro. Es ejercida por parte del SP como un privilegio al que sólo una pequeña parte del total de la población accede, según un sistema de premios y castigos. Las implicancias de esto son claras: no hacés un favor al personal, no vas a la escuela; reclamás por la visita, si tenés visita, no tenés pase para el colegio; no tenés conducta (puntaje armado arbitrariamente por el personal del servicio), no podés ir; exigís comida, un médico, hablar con tu abogadx o denuncias una golpiza, permiso denegado. Son éstas algunas de las variables que van haciendo de filtro en la puerta de la escuela, permitiendo que sólo quienes reúnen ciertas características puedan pasar.

Daniel de la unidad 1 nos cuenta que: “Cierran las puertas a la educación y tienen menos educación que aquellos privadxs de su libertad. Prefieren tomar mate antes que hacer funcionar el sistema educativo (como tiene que funcionar), no te quieren sacar al colegio a estudiar, o te sacan tarde, y ya perdiste una hora de clase. Yo como estudiante universitario he comprobado los obstáculos que pone el Servicio Penitenciario cuando queremos rendir alguna materia en la Universidad, ya que por más que tengamos la autorización del juzgado, ellos ponen la excusa de que no disponen de vehículos para llevarnos. Lo cual está planeado adrede para desmoralizarnos, para que así abandonemos los estudios y con ellos la posibilidad de ser mejores personas y útiles para la sociedad”.

Nos interesa también dejar en claro que la Universidad lejos está de interesarse por sus alumnxs privadxs de la libertad. No existen marcos formales realmente confiables y estables que unan a la Universidad con la educación en los penales. Aquí es importante recalcar que nos centramos en la Universidad de La Plata, no es que del resto del país no nos hayan contado experiencias similares sino que nos dedicamos a hablar del terreno que pisamos. Lo que existe son convenios precarios en ciertas facultades, de ninguna manera la Universidad de La Plata desarrolla un plan integral para los presos y las presas. La mayoría de las veces lxs internxs tienen contacto con la vida universitaria por medio de los proyectos de extensión y voluntariado universitario con presupuestos muy precarios, si es que lo tienen.

Creemos que las cosas han ido cambiando, lxs presxs nos cuentan que las cárceles han mejorado desde los años noventa. También creemos que es posible la construcción de una educación liberadora en un espacio como la cárcel. Pero lo es no por dedicación estatal y benevolencia kirshnerista. Todo esto es resultado de procesos de lucha y resistencia de quienes día a día ponen en juego su cuerpo y su vida en el encierro. Es resultado también del esfuerzo de las organizaciones y de personas que de manera independiente deben arreglárselas para poder pasar a un espacio clausurado a quienes quieran entrar para transformarlos. La movida educativa que lleva a cabo el Estado en contextos de encierro no va en serio, es un problema serio. Un problema para el que no habrá solución sin voluntad política, sin desafiar a aquéllxs que se benefician a costa del sufrimiento de quienes hoy están privadxs de su libertad, y sobre todo, sin la lucha y el compromiso asumido por todxs.


Por último recomendamos la lectura de la revista número 4 Atrapamuros, en especial las siguientes notas tratan específicamente lo que tratamos de discutir con este diario:

"Cárceles: Una fuente de dinero para muchos…" por Manuel, compañero de la U1
"La educación es un derecho" por el grupo Gesec
"Un abuso de poder: la educación es cáceles desde el punto de vista del derecho" por Carolina L y Felipe B.
“Adentro no hay logros ni victorias, son todas actitudes de resistencia”, entrevista con Karina “La Galle” Germano.
"Algunas contradicciones" por Polín L.

[1] La revista puede leerse en nuestra página web: http://www.atrapamuros.org/
[2] Las alcaidías son parte del SPB pero no brindan educación.
[3] El Grupo de Estudios sobre Educación en Cárceles milita por la real garantía del derecho a la educación para todas las personas privadas de su libertad ambulatoria. www.gesec.com.ar

lunes, 29 de octubre de 2012

Carta de un compañero de la U12 al Decano de la FaHCE-UNLP


Difundimos aquí la carta enviada por un compañero detenido en la Unidad 12 de Joaquín Gorina al Decano de la Facultad de Humanidades de la Universidad Nacional de La Plata.
Esta es una de tantas formas de resistencia y lucha que intentamos ejercer desde los penales contra la impasibilidad e injusticia de la Justicia Penal y el abandono del Estado que viven a diario los presos y las presas de Buenos Aires.
Recomendamos leer la carta, que además de ayudar a la difusión de un reclamo legítimo, emociona con su sinceridad y su verdad.



Unidad Penitenciaria N° 12, La Plata, 04 de Octubre de 2012.-

Al  Señor
Decano de la Facultad de
Humanidades de la U.N.L.P
Aníbal Viguera
S…/…D

De mi mayor consideración:

domingo, 6 de mayo de 2012

¿Qué seguridad promueve y construye la UNLP con una Guardia Edilicia capacitada por el SPB?

En el mes de Abril de este año se conoció que el Servicio Penitenciario Bonaerense capacitó a 250 integrantes de la Guardia Edilicia de la UNLP. Esto se dio en el marco del convenio de cooperación que en el año 2010 firmó el rector de la UNLP Fernando Tauber con el Ministro de Justicia y Seguridad de la Provincia de Buenos Aires Ricardo Casal.

Desde el Colectivo de Educación Popular en Cárceles Atrapamuros estos hechos nos parecen sumamente preocupantes y vergonzosos. Que nuestra universidad se comprometa con personajes como Casal e instituciones como el Servicio Penitenciario Bonaerense, que han demostrado toda una trayectoria y un presente dedicados a la sistemática violación de los derechos humanos de poblaciones vulneradas de nuestra provincia que incluyen torturas,
asesinatos y desapariciones nos resulta aberrante. Casal y el SPB representan lo peor de las políticas de seguridad de nuestro país, y actúan con impunidad y un ejercicio del poder indiscriminados en nombre de la represión y el encarcelamiento de personas sin jamás respetar su dignidad como seres humanos.