Oscuridad total. Gente corriendo y
gritando entre gases lacrimógenos, palos y balas de goma. Hasta perros
prendidos fuego. Destruyendo todo a su paso, deteniendo personas como en las
épocas más nefastas, ante niñxs y bebés. Así fue la última vez que Scioli me
pegó, por reclamar un pedacito de tierra para construir una casa, por atentar
contra su negociado inmobiliario.
El último golpe pero no el
primero: el año pasado les tocó a lxs trabajadorxs del Diario Hoy. Después de ser despedidxs por
reclamar mejores condiciones laborales e intentar afiliarse al Sindicato de
Prensa Bonaerense, bloquearon la entrada del diario a modo de protesta y les
contestaron con balas de goma y detenciones para amedrentarlxs. Porque la
violencia que ejerce Scioli no es sólo física, es también psicológica.
Y es que a Daniel no le gustan los reclamos. Cuando lxs empleadxs de la
Dirección General de Cultura y Educación, a principios de este año, pidieron
aumentos en sus salarios se lxs reprimió con gases pimienta y lacrimógeno. Y cuando el Frente de
Resistencia Territorial denunció a principios de 2014 la falta de asistencia a
los comedores populares, se los atacó con balas de goma y plomo, hiriendo incluso
a un bebé de 2 meses. Es
tanta su intolerancia que hasta violentó a sus soldaditxs de la bonaerense, esxs
que se ensucian las manos por él, cuando reclamaron aumentos en sus sueldos
básicos.

