sábado, 13 de diciembre de 2014

Yo pienso*

Ilustración: Faca :.:

Yo pienso que bajar la imputabilidad es discriminación, y eso es algo que parte de la sociedad no piensa. Esto pasa por culpa de los que están arriba, que antes de ayudar a lxs pibxs, los hunden, haciendo más institutos de menores y más cárceles.

¿Y si antes de hacer esas cosas que afectan a lxs pibxs, no hacen más escuelas, más jardines, bibliotecas, hospitales, comedores, y muestran la otra parte de la gente humilde, de los que se rompen el lomo trabajando día a día para poder ayudar a sus familias? Muestren otra parte de la gente. No muestren sólo lo malo. Lxs chicxs hacen lo que hacen porque no tienen una educación como otrxs, les hace falta comida, por eso salen a robar. Por eso en cada barrio de la Argentina tiene que funcionar siempre un comedor y una salita.

lunes, 8 de diciembre de 2014

Entrevista

Video sobre nuestro trabajo realizado por estudiantes de la Facultad de Periodismo y Comunicación Social - UNLP, agosto 2014.

Taller de Producción Audiovisual I
Cátedra 2 – Comisión 1

miércoles, 3 de diciembre de 2014

Lxs presxs, ¿tienen que tener derechos laborales?


Esa fue la pregunta que empezó a rondar por distintos medios de comunicación a partir del fallo. El martes, la Cámara Federal de Casación Penal sentenció que el trabajo que realizan las personas privadas de su libertad se equipare al trabajo que realiza una persona por fuera de la cárcel. Basándose en el principio constitucional de ‘‘igual remuneración por igual tarea’’, se incluyen además obra social, cobertura frente a accidentes, asignaciones familiares, agremiación y capacitación laboral.

A partir del reclamo de presos de la Unidad 1 de Ezeiza por descuentos salariales e irregularidades, la Justicia se vio obligada a discutir sobre la desigualdad en las condiciones de trabajo.

sábado, 22 de noviembre de 2014

Se realizó el I Encuentro de Cárceles y Seguridad

El pasado viernes 14 y sábado 15 de noviembre se llevó adelante en la ciudad de La Plata el Primer Encuentro de Cárceles y Seguridad, evento que tuvo como origen la necesidad de encontrar nuevos espacios para visibilizar e intervenir en una problemática transversal para el momento histórico en el que vivimos como la inseguridad y particularmente una de sus mayores políticas y consecuencias: la cárcel, que abarca tantas cuestiones que debe ser tratada como un eje específico.

El encuentro fue organizado por Atrapamuros (Colectivo de Educación Popular en Cárceles) y Grupo de Estudios Sobre Educación en Cárceles (GESEC) y se concentró en las facultades de Humanidades y Ciencias de la Educación y de Trabajo Social de la Universidad Nacional de La Plata.

Las jornadas comenzaron dando lugar a paneles donde se debatió en torno a “La cárcel como historia en nuestro país. Una caracterización en los últimos 15 años” y “Discursos y debates sobre la seguridad. Conceptualización y conformación de nuevas políticas”, durante los cuales especialistas realizaron una caracterización del estado de situación.

domingo, 16 de noviembre de 2014

Darse cuenta*


Este es un relato sintético y cronológico de los hechos y acontecimientos reales contado en primera persona por su principal protagonista.

Soy Eduardo, estoy privado de mi libertad, con esta causa sumo un total de 16 años de prisión en forma ininterrumpida, recuperé mi libertad en tres oportunidades, sin tomar conciencia de la cantidad de años que he estado detrás de los muros.

Hoy haciendo un balance. Me doy cuenta que han pasado cosas en mi vida de gran magnitud, pero soy optimista y de no haber pasado por este lugar quizás no estaría con vida escribiendo este relato de mi penosa experiencia en la prisión.

Les cuento que provengo de una familia trabajadora de clase baja, mi padre de oficio plomero gasista, mi madre ama de casa y un hermano mayor. Desde chico me educaron que tenía que ser honesto y recuerdo mucho lo que mi viejo decía: “O estudiás o trabajás, vagos en casa no quiero”. Fue así que al terminar la primaria opté por trabajar y mi padre me llevó con él y me enseñó su oficio de plomero.

Desde mi adolescencia tuve un pensamiento muy transgresor, hoy creo que el hecho de que me remarcaran continuamente que esto no se hace, que aquello está mal, despertó en mí ese querer conocer lo prohibido.

miércoles, 29 de octubre de 2014

7 días en la vida


Reina Maraz, mujer inmigrante boliviana y pobre, fue condenada este martes 28 de Octubre a cadena perpetua. Una historia de violencias constantes y encarcelamiento selectivo que continúa silenciada, sin traducciones.

Haciendo memoria

En Mayo del 2014 se hizo público el caso de Reina Maraz, una mujer quechua, inmigrante boliviana y pobre, que no hablaba castellano y sufría violencia por parte de su marido y su familia política. Por aquel entonces definíamos violencia de género y asegurábamos que las múltiples opresiones sufridas por Reina a lo largo de su vida eran claro ejemplo de la cotidianidad que viven muchas mujeres puertas adentro de su hogar y, por qué no decirlo, tras los muros de las cárceles bonaerenses.

El 21 de Octubre del mismo año se anunció el comienzo del juicio que investigaba a Reina por el asesinato de su marido, Limber Santos. El 28 de Octubre, se anunciaba su culpabilidad. Una semana, tan sólo 7 días le llevó a la justicia declarar culpable a Reina Maraz y condenarla a cadena perpetua por asesinato. Casi 4 años, aproximadamente 720 días, le llevo a Reina contar su historia y ser escuchada, o al menos, eso creería.

Sentada frente a la jueza Silvia Etchemendi, acompañada por Marcela Alejandra Vissio y Florencia Butiérrez, Reina logró contar su historia gracias al asesoramiento y acompañamiento realizado por la Comisión Provincial por la Memoria, quien se aseguró de conseguirle una intérprete quechua.

Entre pausas para permitir que se traduzcan sus palabras, la inmigrante acusada relato cómo su marido Limber la obligó a venir a vivir a Argentina con la amenaza de llevarse a sus dos hijos con él. Cómo llego a golpearla hasta por 8 horas seguidas bajo los efectos del alcohol y cómo entregó a Reina, su cuerpo y su libertad, para pagar una deuda con su vecino Tito Vilca Ortiz.