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jueves, 21 de enero de 2016

Emergencia de Seguridad Pública: recetas, enemigos y miedos reciclados

En el día de ayer, el Gobierno Nacional decretó la Emergencia en Seguridad Pública durante un año, con el objetivo de ''revertir la situación de peligro colectivo creada por el delito complejo, el crimen organizado y el narcotráfico''. Entre otros puntos, el decreto contempla la posibilidad de obligar a aterrizar o derribar aviones no autorizados.
Con discursos alarmistas y atemorizantes, se toman medidas regresivas que avanzan sobre las garantías que las personas tenemos y que el Estado debe garantizar. La manera de actuar es instalando el miedo: en primer lugar, nos vienen anunciando que el narcotráfico es uno de los mayores flagelos de la sociedad argentina pero nunca nos brindan datos concretos que demuestren que esto realmente es así. En segundo lugar, se muestra al narcotráfico como un enemigo de todas y todos: ¿quién se opondría a combatir los delitos complejos?, esto genera un amplio consenso social. Por último, a partir del miedo y de un enemigo, que puede ser tanto interno como externo, se avanza sobre las instituciones y reglamentaciones que aseguran la democracia con el argumento de que ante tal estado de emergencia es primordial “la seguridad”, cueste lo que cueste. De esta forma obtienen la vía libre para manipular presupuestos y recursos públicos. 

sábado, 28 de junio de 2014

Las consecuencias del encarcelamiento creciente*


Seguridad y políticas públicas: Sobre los viejos y nuevos problemas que acarrea la respuesta represiva al problema de la inseguridad.

Conocer a alguien que haya estado preso, tener un familiar en la cárcel o haber pasado por una situación de encierro, son casos de una realidad cada vez más común en los barrios populares de la provincia de Buenos Aires. Nos referimos al hecho de que en las dos últimas décadas el encarcelamiento ha aumentado en Argentina de manera exponencial, emergiendo como problema social. En tanto crece institucionalmente al aumentar el número de cárceles y de detenidos, también se expande afectando cada vez a más personas en sus historias personales y sus vínculos familiares, sociales y laborales.

La experiencia de vivir en la cárcel es desgarradora. Allí las violencias son la forma habitual de convivencia, tanto desde el personal penitenciario hacia los presos y las presas como entre los mismos internos. La violencia se ejerce desde lo más básico como la falta de acceso a la salud, la alimentación o la educación, hasta lo más extremo como las torturas corporales. También aparece como violencia simbólica, en la forma de malos tratos constantes y naturalizados, degradando y desvalorizando a las personas.

Las violencias se inscriben en los cuerpos y en las mentes de quienes, en el sentido literal y metafórico de la palabra, se encuentran “detenidos”. Estar detenido no implica sólo la condición del encierro, sino que aparece como la imagen de un lapso en el que el tiempo se suspende. La realidad sigue su curso, las personas envejecen, las cosas cambian, pero el “detenido” sólo tendrá acceso a eso de una forma mediatizada, a cuentagotas, a través de la televisión o las visitas familiares. La salida en libertad, más que el éxtasis de la resocialización, se manifiesta como la condensación del aislamiento sostenido en el tiempo y de esa violencia contenida.

jueves, 1 de mayo de 2014

Sin gorra ni cachiporra: REpensando el rol de la cárcel en la sociedad *

Reflexiones sobre las ideas de resocialización y reinserción.

Atrapamuros es un colectivo que desde hace seis años se mete en las cárceles de la ciudad de La Plata para proponerle a los presos y las presas talleres abordados desde la educación popular. Tras estos años de trabajo, y teniendo en cuenta nuestro constante intercambio con lo que ahí adentro se llama “la calle”, nos parece necesario criticar dos conceptos que no suelen ser cuestionados, pero sí muchas veces mencionados: la reinserción y la resocialización.


Para empezar, somos conscientes que al intentar analizar estas ideas estamos desechando la peor de las posturas, ya que hay quienes no dudan en repetir “que los delincuentes se pudran en la cárcel”, frase tan trillada como aberrante. Esa es una postura retrógrada, sí, pero igualmente creer que la cárcel es una institución rehabilitadora que reinserta y resocializa personas tampoco es tan copado.

viernes, 12 de abril de 2013

(In)justicia patriarcal: el caso de las hermanas Jara


Por Brunela Germán y Tristán Basile


En la madrugada del 19 de Febrero de 2011 –hace dos años y tres meses– Ailén y Marina Jara volvían de bailar. Tenían 18 y 19 años. Vivían en Moreno, estaban terminando la escuela y ayudaban a su madre trabajando. En el camino a su casa se cruzaron con Juan Antonio Leguizamón Avalos, un vecino y hermano de una amiga de ambas. Él las hostigaba desde hacía tiempo, como seguramente hacían tantos otros hombres del barrio con tantas otras mujeres.

Pero este hombre actuaba con una impunidad mayor: guardaba fuertes vínculos con la policía y confiaba en la impunidad que le garantizaban esas relaciones oscuras. Así fue que esa noche, armado y disparando al cielo para asustarlas, intentó ir más allá. Y así fue que las hermanas también fueron más allá: se defendieron de la agresión sexual con un cuchillo de cocina, que clavaron en la espalda de Leguizamón. Lo que sigue a esto es el derrotero por el que transita cualquier mujer pobre que ingrese en los mecanismos perversos de la justicia. A la mañana siguiente las fueron a buscar a su casa, ellas entregaron el cuchillo y declararon sobre lo que había pasado. Pero Leguizamón las había denunciado la noche anterior, haciendo uso de sus conexiones con la policía del lugar, por intento de homicidio.

sábado, 11 de agosto de 2012

Sobre la discusión "por la salida de presxs a actos"

En estos últimos días la cárcel fue puesta como tema de discusión del momento. A partir de la salida a la calle del detenido Eduardo Vásquez, ex baterista de Callejeros, a uno de los actos culturales que organiza una agrupación política kirchnerista llamada Vatayón Militante. Sin embargo, como suele ocurrir en estos casos, las discusiones fueron superficiales, los argumentos flojos de contenido, la información tergiversada, y el fin no fue otro que intentar descalificar a un oponente político.

Pero debajo de esta disputa entre el oficialismo y Clarín (y entre el Gobierno nacional y el provincial) se esconden realidades que ninguno de los bandos está dispuesto a poner sobre la mesa de debate. La situación que viven cotidianamente los presos y las presas de nuestro sistema penitenciario son alarmantes e ilegales, y no sólo en las cárceles de la provincia, como dijo la presidenta en uno de sus tantos palos para Scioli. Decir, como manifestó Cristina, que el Servicio Penitenciario Federal es un modelo a seguir es, o bien una mentira, o una toma de posición sobre lo que se cree correcto y necesario. Porque más allá de las diferencias estadísticas que se puedan llegar mostrar (suponiendo que las hubiese) respecto del desempeño del Servicio Penitenciario Bonaerense, el modo de funcionamiento es el mismo, y hablar del SPF como modelo implica asumir que el modo de tratar a quienes caen presxs es a través del castigo, de la tortura, del hambre y el hacinamiento, de la estigmatización y de la privación de los derechos más elementales.

Por otro lado está la cuestión de la “resocialización a través de los actos”, una simplificación más que preocupante tanto de la problemática como de sus soluciones. Se ha hablado en la mayoría de los casos de lxs presxs como si fueran personas descarriadas, gente que se portó mal y que por eso está presa, para que se lo reinserte y se lo haga nuevamente apto para vivir en sociedad. Se habla de resocializar como si no hubiese un problema mayor de fondo, una sociedad que margina a parte de su población imposibilitándole tener una vida digna. También se presentó a estos actos y otros tipos de salidas de los penales como herramientas que contribuyen a la resocialización de lxs detenixs mostrando otro lado de lxs presos, ayudando a que interactúen con la gente; como si al salir, esa misma sociedad que lxs marginó toda su vida fuera a estar esperándolxs de brazos abiertos, con trabajo y sin discriminación, sin pobreza, sin persecución policial, sin acusación mediática.

Pero más allá de las discusiones que se instalan en los medios y del contenido de las mismas, la cárcel siempre está presente. En este mismo instante hay 50.000 personas encerradas en nuestro país, dentro de nuestro país y dentro de nuestra sociedad; no están siendo resocializados y no serán reinsertados en la sociedad. Están dentro de nuestra sociedad porque están en el lugar que se les asignó. No serán resocializados en primer lugar, porque a la gente no se la resocializa, no se le borra lo que se cree inadecuado y se le inserta otro tipo de información, otras pautas de pensar y de hacer; y a demás, porque esas personas ya estas socializadas, saben qué es lo correcto e incorrecto, saben cómo vivir, y sobre todo cómo sobrevivir en sociedad. Y muy probablemente no serán reinsertados en la sociedad, por un lado, porque nunca estuvieron fuera, y por otro, porque más allá de todos los cambios que puedan llegar a ocurrir en la persona de un/a presx, al obtener la libertad se va a encontrar con una sociedad que no cambió.

Brune y Marino.

martes, 17 de enero de 2012

Soy terrorista

No tengo ganas de apropiarme de la denominación “terrorista”, no me parece justo. Con la nueva ley aprobada por nuestros representantes podemos ser tituladxs de terroristas, o sea personas que promueven el terror. Nada tan alejado. Personas que luchamos por la igualdad, la justicia, el acceso a los derechos como la educación y la salud, etcétera, etcétera podemos ser catalogadas como terroristas. Es que cuando salimos a la calle a exigir por cosas que nos parecen justas estamos presionando al gobierno. Por lo general si ocupamos la calle es para exigirles a nuestrxs representantes a hacer cosas, que de otra manera, no estarían dispuestxs a hacer. De golpe y porrazo somos terroristas. Que miedo. Me hace sentir como una cosa en la panza y en la garganta, una especie de pánico de volver a una época que no viví. Esa vieja idea del enemigo interno, de que cualquiera puede ser un o una agente del terror.